sábado, 12 de abril de 2008

NUESTROS VIEJOS

Nunca me ha gustado usar esta palabra para referirme a mis padres o para nombrar a las gentes de la tercera edad, pero hoy pretendo darle un doble sentido y sin usarla, no valdría. Hoy quiero escribir sobre las personas mayores y como no, sobre nuestros progenitores, aquellos a los que muchos jóvenes llaman “mis viejos”.
Es una verdadera pena que la sociedad actual margine tan atrozmente a las personas mayores. En otros tiempos y en otras culturas, son los venerables ancianos los que gobiernan o a los que se pide consejo. ¿No deberíamos retomar esta costumbre? Ciertamente creo que nos iría mucho mejor.
Sin embargo es todo lo contrario. Cuando te haces mayor, pasar a ser un estorbo, aun estando en plenas condiciones mentales. Peor aun es el caso del que llega a la vejez con determinada carencia física o psíquica.
Somos capaces de darlo todo por nuestros hijos, removemos cielo y tierra para buscarles toda clase de posibilidades, facilitarles lo mejor. Los defendemos aun cuando se equivocan, nos entregamos en cuerpo y alma para hacer de ellos personas de bien y sin embargo, que fácil olvidamos que un día fuimos nosotros los hijos y el esfuerzo que supuso para nuestros padres conseguir todo cuanto hoy tenemos. Ellos, se merecen algo mejor que acabar sus días rodeados de extraños, bien preparados, eso si, en el confinamiento de una residencia.
Cuando tengo hambre, necesito comida, cuando estoy enfermo, nesecito un médico, y cuando sea mayor, siempre que no necesite asistencia médica, necesitaré el cariño de los mios. Es así, no hay mas vuelta de hoja, todo lo demás son excusas para eludir nuestra responsabilidad, que también la tenemos, como hijos.
Esta sociedad está montada así y las residencias, mas que una necesidad de nuestro tiempo, son una lacra para la humanidad. Mientras haya demanda, habrá residencias, por que además de la estupidez humana que decía Einstein, el egoísmo, también es infinito.
En realidad, hay tantas cosas infinitas como defectos humanos. La incomprensión también es una de ellas, aun sin estar claro que sea un defecto, si que es otra lacra de cualquier sociedad. Nunca llegué a comprenderte del todo, pero ten por seguro, que allá a donde te lleve de viaje tu mente, hasta allí llegará mi amor por ti, mama. Ahora es tarde para decirte nada, pues aunque tu cuerpo sigue vivo, tu casi ya no estas con nosotros. Cuando acabes tu camino y nos dejes para siempre, dale la mitad del cariño que te llevas de mi parte a tu marido, dáselo a Papa. Muy pronto volveréis a estar juntos.
Hay Dios, tu que lo tienes todo, que egoista eres, como me arrebatas lo que yo mas quiero.

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